El río Rímac, fuera de la historia que posee y aquellas aguas turbias e infectadas por residuos y desmontes, también tiene algo que lo hace un punto de noticia.Esta es la cantidad de personas que habitan a las riberas del río y que han convertido sus casas en una especie de lugar privilegiado al tener una salida ante tan reconocida geografía natural.
Si bien al realizar un recorrido se pueden encontrar diversas sorpresas, también se aprecia cuan peligrosa es la ubicación de las residencias hechas de material noble e incluso mal construidas convirtiéndose en una bomba de tiempo para los habitantes.
Como se conoce, muchos de los que viven a riberas del río se exponen al peligro de la naturaleza, sobre todo cuando se producen lluvias en la sierra, lo que provoca que el río aumente su caudal amenazando con desbordes e inundaciones, así como la destrucción de algunos puentes y casas.
Es por ello que un aproximado de 35 zonas de riesgo, ubicadas a lo largo del trayecto del río Rimac, fueron consideradas graves y requieren inminente intervención. Justamente figuran entre ellas el malecón Checa, en San Juan de Lurigancho y el acantilado de la Av. Morales Duárez, en el Cercado así como el complejo deportivo de Carmen de la Legua.
Esto parece importarles poco a los vecinos, quienes se niegan absolutamente a dejar los lugares donde residen, a pesar de los diversos problemas que se vienen presentando, una de las habitantes habla al respecto.
“Donde mas vamos a vivir joven, mas bien necesitamos el apoyo de Defensa Civil para que nos ayuden a que no se desborde el río, para que vea a nuestros hijos si están enfermos (…)” (Vecina)
No importa la ubicación, no importa el peligro, estas personas ven únicamente a las riberas del río como su verdadero hogar y a la vez un lugar difícil de abandonar y donde harán esfuerzos suficientes para no ser derrotados ante la adversidad.



